El papel clave que jugarán los empresarios en el plan de De la Espriella para el Chocó
Por primera vez en la historia de Colombia, un mandatario llevó hasta el departamento más pobre a los hombres más ricos y poderosos del país, al mismo tiempo.
Un presidente de Estados Unidos, un secretario de Estado de ese país, un papa y hasta un pensador escocés de la Ilustración están detrás de la inspiración del presidente Abelardo de la Espriella para conducir a los empresarios más importantes del país a reconstruir el Chocó, y, por extensión, las regiones más afectadas hace un mes por el terremoto de 7,4. Por primera vez en la historia de Colombia, un mandatario lleva hasta el departamento más pobre a los hombres más ricos y poderosos, al mismo tiempo. El resultado está por verse, pero tanto el jefe de Estado como los empresarios quedaron obligados a cumplir las iniciativas en que comprometieron su palabra.
Ni el Chocó ni el país imaginaron antes ver en Quibdó, sentados a una misma mesa, a multimillonarios como Jaime Gilinski y su hijo Gabriel (del Grupo Gilinski), David Vélez (fundador de Nubank), Luis Carlos Sarmiento Angulo (dueño y líder del Grupo Aval), Alejandro Santo Domingo (cabeza de la familia propietaria de Valorem), César Caicedo (presidente de Colombina), Christian Daes (dueño de Tecnoglass), Juan Carlos Mora (presidente de Bancolombia) y Miguel Cortés Kotal (presidente del Grupo Bolívar). Eso quedó primero en la agenda y después para la foto. Pero si cumplen lo que prometieron, sencillamente pasarán a la historia.
Reunimos en este departamento a algunos de los empresarios más importantes de Colombia para que vinieran al territorio, conocieran de primera mano sus necesidades y, sobre todo, se comprometieran con su desarrollo.
“Aquí está el Chocó. Vengan más, conozcan sus posibilidades. Inviertan. Les vamos a dar toda la protección física y jurídica. Produzcan. Generen empleo y ganen dinero aquí”, les dijo De la Espriella, que, sin mencionarlo en ninguna de sus intervenciones, ha dado claros indicios de que detrás de esta invitación y en sus cavilaciones tiene que andar revoloteando la figura del pensador y economista escocés de la Ilustración Adam Smith con su metáfora de la ‘mano invisible’. El concepto —hay que decirlo con el propósito de precisarlo antes que de simplificarlo— plantea básicamente que los individuos que actúan por interés propio en los mercados libres terminan beneficiando a la sociedad.
Un personaje al que sí citó De la Espriella fue el papa Benedicto XVI, a quien considera el Santo Tomás de Aquino del siglo XX, y sobre cuyos preceptos el mandatario basa su idea de solidaridad. El pontífice, según De la Espriella, “recordaba que la ayuda verdadera a nuestros hermanos debe tener una finalidad emancipadora. Eso quiere decir que la ayuda debe permitirle a quien la recibe recuperar su responsabilidad y asumir sus propias responsabilidades”. Pero, en el caso del Chocó, se necesita más que voluntad política. “Nada de esto se podría hacer sin la ayuda de los empresarios”, dijo.
El tercer pilar conceptual sobre el que el mandatario colombiano basa su idea de reconstrucción, con la participación del empresariado, es el presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt, que, durante la Gran Depresión, creó la Tennessee Valley Authority (TVA). No fue solo un proyecto de infraestructura, sino un experimento social y económico que buscaba revitalizar una de las regiones más empobrecidas de Estados Unidos.
Lo hizo con diversas acciones, empezando por controlar las devastadoras inundaciones del río Tennessee, que baña cuatro estados (Tennessee, donde nace; Alabama, Misisipi y Kentucky) antes de desembocar en el río Ohio. Primero, fueron construidas varias presas hidroeléctricas para controlar las aguas y convertir una amenaza constante en un recurso productivo: generó electricidad para los hogares y las granjas de una región rural marginada que apenas conocía la electricidad. Mejoró asimismo la navegación y fomentó el desarrollo económico integral de ese valle olvidado. El impacto fue contundente: se vino la industrialización, la modernización agrícola y el crecimiento sostenido.
De la Espriella ha sido claro en advertir que no se trata de copiar modelos extranjeros. Pero de la experiencia de Roosevelt con el río Tennessee —que, hay que decirlo, si bien no tuvo empresas privadas como socias o participantes, pues la TVA fue creada en 1933 como una corporación ciento por ciento pública y federal bajo el programa del ‘New Deal’, pero sí atrajo la inversión privada para producir, crear empresa y generar empleo— el presidente colombiano extrae la idea fundamental de que de las circunstancias adversas pueden surgir soluciones definitivas para las regiones olvidadas.
“La experiencia estadounidense nos enseña que cuando una región ha acumulado durante décadas demasiadas barreras que impiden su desarrollo no basta con resolverlas una por una y sin conexión entre sí”, dijo el presidente. En el caso de Colombia, su empeño contará con el papel determinante los empresarios que lo están acompañando.
Plan Marshal colombiano guarda remoto parecido con Europa
En cambio, la idea del cuarto inspirador de De la Espriella, el secretario de Estado de Estados Unidos George C. Marshall, sí tuvo el acompañamiento de grandes conglomerados económicos estadounidenses y europeos. Marshall hizo un llamamiento en 1947 a favor de un programa integral para la reconstrucción de Europa occidental, devastada por la Segunda Guerra, y, por esa misma razón, vulnerable a la expansión comunista, tanto interna como externa. El denominado Plan Marshall impulsó un resurgimiento de la industrialización europea y atrajo grandes inversiones a la región.
Muy a la colombiana, De la Espriella dijo: “Lo que queremos es que estos grandes empresarios [los que llevó a Quibdó] sean socios y padrinos del Chocó”. En el aspecto económico, ese propósito se parece al Plan Marshall. Pero hay otra idea asociada a esa iniciativa que flota en el aire y que no se ha expresado ni manifestado de ninguna manera, aunque sigue peligrosamente latente: si no se atiende la emergencia de manera efectiva, los grupos armados que atenazan a ese departamento desde hace años encontrarán allanado el terreno para avanzar. En su vulnerabilidad acentuada, el Chocó posterremoto guarda una remota similitud con la destruida Europa de posguerra.
De ahí que De la Espriella insista en que no quiere que el Estado vaya al Chocó “únicamente a atender una emergencia, a entregar subsidios o a resolver la dificultad del momento, y que después se marche dejando intactas las condiciones que mañana van a producir una nueva crisis”. Lo que quiere es que, al final de su mandato, “queden construidas las condiciones para que este departamento pueda producir, crecer, atraer inversión, generar empleo y enfrentar con sus propias capacidades los desafíos del futuro”.
Del trabajo del presidente, el de los empresarios que llevó y el de todos los chocoanos depende que eso ocurra. Que, como quiere De la Espriella, en unos años no se vuelva a hablar del Chocó como el departamento de Colombia con los peores indicadores de una pobreza extrema que afecta al 44% de sus habitantes. Que, en suma, la posición geográfica del departamento “deje de ser una ventaja dibujada en un mapa y empiece a convertirse en prosperidad para su gente”.
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