Hasta el paraíso tuvo un pecado original y el de Dosquebradas parecería tener nombre propio, Roberto Jiménez. Este no es un señalamiento, pues hasta él, el alcalde del municipio, reconoce que su figura provoca controversia en medio de la distribución de ayudas a los damnificados por el terremoto en Colombia.
“Mucho gusto, soy Óskar Ortiz, periodista de Pulzo que perdió su casa”, me presenté al conversar con el hombre que carga con la cruz de ser el hermano del narcotraficante Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’. En medio del afán por una rueda de prensa, se negó en ese momento y pidió hablar luego.
Lo cierto es que lejos de ser una sacada de cuerpo diplomática, ese instante abrió el paso a un encuentro que, desde los micrófonos en público, sirvió para poner la carne en el asador sobre la queja más constante en esa ciudad intermedia de Risaralda: por qué hay tanta demora con los subsidios.
Precisamente, el reto de encarar a la máxima autoridad de Dosquebradas sobre un tema espinoso me trajo a la memoria a mi profesor de redacción de entrevista, Néstor Morales, quien espero que lea esto porque lo considero como una voz potente para darle eco a un grito de auxilio de los damnificados.
Mi relación con este periodista fue apenas de alumno con maestro y comenzó con un chiste flojo mío en su clase durante el día de mi cumpleaños. Él no supo si era un elogio o un insulto, pero prometió no olvidarme fácil por mi nombre, Óskar con K. Al final del semestre, me pronosticó que llegaría a los medios de comunicación. Ojalá, hoy todavía me recuerde.
Dos décadas después, estaba listo para obtener las respuestas incómodas por parte del alcalde de Dosquebradas, el segundo lugar más afectado por el terremoto del pasado 10 de agosto de 2026. De ahí, mi sorpresa cuando sin lanzar aún una pregunta llegó la primera declaración tan punzante como dolorosa sobre el olvido en el que estamos los golpeados por el sismo.
“Siento que le están metiendo política a las ayudas humanitarias para el municipio. Quiero hacerlo público de nuevo y darle un mensaje al señor presidente: vinieron y hablaron de un subsidio de $ 1’050.000 para las personas damnificadas, que me están buscando para decirme que cuando empiezo a repartir la plata de los subsidios, que aquí no ha llegado aún”, afirmó Jiménez sin reparos.
La frustración por el olvido para Dosquebradas no es un simple dolor de este gobernante, sino algo que es evidente: ciudades como Pereira, Manizales y Cali ya empezaron a recibir este tipo de apoyo a económico. Acá, nosotros no tenemos ni idea de cuándo nos verán.
El alcalde de Dosquebradas soltó una tras otra queja en público, con la mirada fijada a quien ahora escribe, como el que sabe cuáles preguntas son las que se vienen encima y se anticipa ante ese chaparrón de dudas, al contar cómo tiene que “pedir limosnas” y apuntó a las autoridades tanto en Gobernación de Risaralda y Estado para solicitarles más atención.
Sin embargo, al conversar con este periodista como damnificado, asume una actitud más positiva para intentar darle calma a quien le expone su decepción por el panorama, la misma de miles de afectados que a diario se sienten (como muchos lo han dicho) invisibles para Colombia.
“Tengo mucha fe de que van a haber subsidios y ayudas. He visto el movimiento a nivel mundial que ha habido alrededor de la catástrofe en la ciudad. Están creando un fondo que dice ser similar al de Armenia [hecho por el terremoto de 1999] para la reconstrucción de Risaralda. Esperemos que nos den la posibilidad de estar en esa junta para generar la tranquilidad para los dosquebradenses de que van a llegar los auxilios en igual parte que le van a dar a los demás”, advierte.
No es un detalle menor que el alcalde contó que ha hablado apenas tres veces con el presidente Abelardo de la Espriella, que en el mismo lapso ya estuvo en cuatro ocasiones en Chocó. Si bien no señala al mandatario, Jiménez confiesa que el vínculo con su hermano, alias ‘Macaco, es un estigma inevitable en la opinión pública.
“Muchas ayudas que han querido llevar a Dosquebradas las han desviado porque es el alcalde, porque es Roberto. Les voy a ser más infidente, que me dolió más: una ayuda llegó desde Bogotá en un camión y una niña que venía detrás supuestamente a darla a la gente que lo necesitaba le dijo a sus amigos que cómo se atrevían a traerle un camión de ayuda humanitaria al hermano de ‘Macaco'”, reconoce.
Esa declaración, de las que pocas veces tira en público, me hizo recordar las lecciones de Néstor Morales sobre cómo sacar un diamante de cada conversación. Ahí, entendí con claridad que, sin quererlo, la vida personal de Jiménez estaría recayendo sobre los damnificados como una réplica del terremoto, pero que solo afecta a la gente de este municipio. Pareciera que justos pagamos por ‘pecadores’.
“Qué tristeza que hoy todavía sean tan mezquinos. Yo todavía soy el hermano de Carlos Mario [alias ‘Macaco’], pero no dejo de ser el alcalde de esta ciudad y me he puesto la camiseta. No he podido avanzar porque no tengo los recursos económicos. Ojalá pudiera avanzar para la ayuda de las personas que perdieron su casa y de quienes están sin empleo, con tres semanas sin generar un día de salario”, remarca.
Es importante recordar que Dosquebradas es sede de grandes empresas como Coytex (principal planta de producción para Arturo Calle), Frisby, Costa Azul y Postobón, entre otras destacadas a nivel nacional. Pero creo que no es tan nombrada como otras ciudades en medio de esta tragedia.
De hecho, la primera compañía mencionada cuenta con unos 2.400 empleados que no han podido regresar a sus labores, en un golpe importante para la organización liderada por Diego Pineda, aliado de Arturo Calle hace más de 40 años. Han sido cerca de 22.000 reportes de afectaciones en ese municipio.
Consultada por Pulzo, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) remarcó sobre el tema que la ciudadanía no debe presentar una solicitud individual de pago ante la UNGRD y que el procedimiento se tramita a través del municipio ya que la Alcaldía debe presentar la solicitud de apoyo, aportar la información correspondiente y expedir las certificaciones exigidas por la Resolución. Al parecer, habría más pecados pendientes de los que no habla el gobernante.
Lo cierto es que la declaración de Jiménez sobre el panorama de Dosquebradas lleva a que le plantee una pregunta sobre una sensación generalizada y es que los damnificados de la ciudad no vamos a recibir nada. Lo encaré al sincerarme sobre la sensación horrible de esa invisibilidad para levantarnos, mucho más porque la clase media (estrato 4) tampoco cuenta con mayor atención.
El alcalde sonrió, como quien supone inocencia en esa afirmación, pero entre ambos hay una diferencia: a él le queda un año de mandato, mientras a nosotros nos queda mucho más tiempo para volver a recuperarnos. Aun así, lejos de ironía o mala intención, envía una voz de aliento.
“Yo no soy tan pesimista. Estamos viviendo una coyuntura y estoy viendo que hay un presidente que quiere hacer las cosas bien y espero esté bien rodeado porque tiene gente muy preparada asesorándolo y espero no se equivoque apenas lleguen los recursos reales para ese fondo que está creando”, advierte en primera instancia.
Al recordar que buena parte de los daños fueron en zonas nuevas, donde hay edificaciones de estrato 4 en Dosquebradas, admite el golpe que muchos han vivido y del que poco se habla.
“Son personas que sufren en el silencio porque se han hecho con mucho esfuerzo y han hecho un capital pequeño, mediano o grande y han tenido su casa y la posibilidad de calidad de vida para su familia. La mayoría son esa clase de personas que no van a hacer una fila para reclamar un mercado ni a reclamar en un censo. A esas personas tenemos que ayudarles de verdad”, sentencia.
Sin embargo, la conclusión de Jiménez al preguntarle sobre cuándo cree que Dosquebradas volverá a estar de nuevo en pie resulta dolorosa, pues indica que el presupuesto del Gobierno Nacional es que sea en unos 4 o 5 años, pero solo lo ve viable si hay recursos, pues si la dinámica sigue como ahora calcula que la resurrección tardaría unos 10 años. Sería una década de indiferencia.
Al final de esta entrevista, recordé un consejo que Néstor Morales nos daba a sus estudiantes sobre usar en el inicio una frase que fuera tan impactante que nos salvara la vida si nos hundiéramos en el agua. Hoy, siento que ni siquiera el grito de auxilio más contundente nos rescata en Dosquebradas del ahogo de ser la tierra del olvido en el terremoto de Colombia.
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