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En una carta escrita el 22 de julio de 1967, Gabriel García Márquez, el reconocido autor colombiano, comparte con un amigo cercano su proceso de creación de ‘Cien años de soledad’, una de las novelas más emblemáticas de la literatura hispanoamericana. Desde el inicio, la correspondencia revela tanto las dudas iniciales como la alegría que el escritor experimentó al recibir comentarios positivos de lectores exigentes sobre el primer capítulo, en especial respecto al episodio de la subida al cielo de Remedios Buendía. Según lo mencionado por García Márquez, buscó la opinión de críticos expertos como Guillermo Cano y otras personas rigurosas para asegurarse de no estar extraviado en la estructura de su historia. Estas reacciones favorables le dieron el impulso necesario para continuar con el manuscrito.
El escritor describe, con detalle, el caótico proceso de revisión final del texto, acompañado de notas marginales, remiendos y anotaciones de diversos colores, todo esto para evitar perderse en la compleja trama que involucra a varias generaciones de la familia Buendía. García Márquez presenta además su preocupación por mantener —e incluso superar— el nivel literario a lo largo del libro, admitiendo que fue la propia novela la que lo fue guiando y enseñando a escribirla conforme avanzaba.
Un punto crucial en esta carta es la reflexión sobre el tono empleado en ‘Cien años de soledad’, en el que mezcla expresiones antiguas, regionalismos y una grave seriedad documental, junto con el lirismo y la poesía natural de la tradición familiar. Rememora que la idea inicial de esta novela se remonta a su juventud, cuando intentó sin éxito escribirla bajo el título ‘La casa’. A pesar de abandonar ese primer intento, nunca dejó de pensar en la obra, construyéndola mentalmente durante veinte años hasta que, finalmente, supo cómo plasmarla en papel, enfatizando la importancia de dominar el primer párrafo antes de avanzar en el resto de la narración.
García Márquez atribuye parte de su disciplina, considerada “de hierro” por su amigo, al poder que tiene el tema que se elige; asegura que escribir resulta sencillo cuando la historia apasiona y obsesiona al autor. Además, aconseja a su interlocutor a escribir sobre historias propias y auténticas, señalando que “el deber revolucionario de un escritor es escribir bien” y que la única manera de lograrlo es narrando lo que se ha vivido. Se distancia de la literatura comprometida, calificándola como insuficiente para reflejar la complejidad del mundo que él y su amigo conocen, y aplaude la tendencia contemporánea de varios escritores latinoamericanos de liberarse de ataduras doctrinarias, permitiéndose explorar emociones y verdades universales que anteriormente eran evitadas o despreciadas.
Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
¿Cómo fue el proceso de escritura de ‘Cien años de soledad’ según la carta de Gabriel García Márquez?
En la carta, García Márquez describe un camino lleno de dudas, revisiones exhaustivas e introspecciones sobre su propio estilo. El autor enfatiza la importancia de recibir opiniones de lectores sinceros, trabajar minuciosamente cada generación de personajes y perseguir un tono especial que mezcla la tradición oral, el lirismo familiar y la gravedad documental. Destaca que el punto de partida, el primer párrafo, es determinante para definir el tono y la longitud del libro. La escritura se convierte en una tarea apasionante solo si la historia realmente obsesiona al autor, y los bloqueos y crisis creativas terminan siendo oportunidades para encontrar nuevas y mejores formas de narrar.
¿Por qué García Márquez rechaza la literatura comprometida en su carta?
De acuerdo con el texto, García Márquez argumenta que la llamada “literatura positiva” o “arte comprometido”, concebido como una herramienta para provocar cambios sociales o políticos, resulta ser limitada y poco profunda para captar el verdadero mundo en el que él creció. Prefiere una literatura que abrace las emociones, las supersticiones, el humor y la poesía de la vida cotidiana, viendo en esta sinceridad la mejor forma de acercarse a las verdades fundamentales de su entorno y de su generación.
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