Catorce días antes de que deje el poder el presidente Gustavo Petro, a una de las mujeres que más protegió y favoreció durante su mandato le estalló un nuevo escándalo. Es más que sintomático que se haya destapado, justo en el fin de la administración del mandatario, que Juliana Guerrero y su hermana Verónica, presuntamente, cobraron y recibieron dineros por gestionar contratos con el Gobierno sin ser funcionarias. Guerrero constituye la sustancia de lo que fueron los cuatro años de mandato que terminan, a lo largo de los cuales se cocinó el caldo de cultivo en el que se fortalecieron las condiciones que condujeron a la derrota del progresismo en las elecciones pasadas.
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Porque si bien el presidente Petro y su malogrado candidato, Iván Cepeda, se empecinan, con razón, en destacar que obtuvieron casi 13 millones de votos y que hoy el Pacto Histórico es una poderosa fuerza política, no les cuentan a sus seguidores, sobre todo porque hay una ausencia total de autocrítica, las razones por las que no consiguieron vencer a Abelardo de la Espriella, que los superó apenas por 250.000 votos, menos del 1 % de la votación. Prefieren mirar para otro lado cuando se trata de reconocer errores y se lanzan a defender lo indefendible, y sin pruebas: que hubo fraude y es mejor la desobediencia civil. Pero casos como el de Guerrero también explican el fracaso electoral del petrismo.
Desprecio por méritos académicos y experiencia
El país vio cómo la joven oriunda del Cesar iba siendo llevada hasta el alto Gobierno, impuesta por el mandatario, a toda costa, a pesar de no tener los méritos ni académicos ni de experiencia. Fue quizás el caso más significativo de la menara como el Gobierno saliente desdeñó la meritocracia para proveer los cargos del Estado, y hasta modificó manuales para rebajar las condiciones y requisitos de ingreso. Muchos jóvenes que se han quemado las pestañas estudiando, y muchos padres que dedicaron sus vidas a trabajar para educar a sus hijos, debieron pensarlo dos veces antes darle su voto al progresismo.
No se trata de que Guerrero tenga un ascendente afro ni de que sea mujer, y mucho menos de que sea de provincia. Se trata de que el conocimiento académico guíe el quehacer de la administración pública acatando y haciendo acatar las normas. El día que Colombia conoció a Guerrero, en un consejo de ministros televisado, el presidente Petro dio pistas de las razones por la que la quería cerca: es “un poco joven y rebelde”, dijo. Después, cuando se supo que iba a ser nombrada en un alto cargo en el Ministerio de la Igualdad, ella dijo en Blu Radio: “Realmente, yo cumplo el primer requisito que se requiere para ser viceministra de juventudes y es que yo soy joven” (!).
En realidad, había más motivos. Su mérito, la capacidad que de verdad valoró el presidente Petro, fue su activismo. Esa fue otra característica del gobierno que termina: privilegió los perfiles políticos y demagógicos sobre los técnicos. Pero sobre todo los altamente ideologizados y con mucha capacidad para reproducir ideología. Oír recientemente a un ministro, cuando lo llamaron a lista en un consejo del gabinete, contestar “presente y combativo”, lo dice todo. En ese sentido, Juliana Guerrero daría en la misma entrevista radial otro de sus argumentos para ser viceministra de Juventudes: “Porque inicié muy joven mi proceso de activismo social y político”.
En el momento en el que el presidente Petro la presentó, el país no sabía por qué la joven con una gorra verde militar estaba sentada entre los ministros. Pero llegó allí después de trabajar denodadamente en la campaña Petro presidente, cuando era parte del programa Jóvenes en Acción, junto a René Hernández, exdecano de la Facultad de Ciencias Contables de la Universidad Popular del Cesar (en donde, además, hasta hoy, Guerrero sigue siendo la delegada del presidente Petro ante el Consejo Superior Universitario) y gerente departamental de la campaña del Pacto Histórico para Cámara y Senado.
Pero la primera que llegó al Gobierno fue su hermana Verónica, que de alguna manera mostró el camino (o el método). Sin título profesional, fue nombrada en Colombia Compra Eficiente por Stalin Ballesteros, quien luego presentó la hoja de vida de Juliana en la Secretaría de Transparencia de la Presidencia, donde inició su trayectoria de funcionaria. Estuvo en esa dependencia entre el 10 de noviembre de 2022 y el primero de enero de 2023 cumpliendo funciones básicas: recibir documentos, atender el teléfono y responder los correos. Vendrían unos contratos con el Gobierno, pero el año 2025 fue todo un trampolín de vértigo para Juliana Guerrero.
En marzo del año pasado, sin ser profesional y con una corta experiencia, fue nombrada jefe de gabinete, asesora del ministro del Interior y coordinadora del despacho presidencial. Muchas responsabilidades que asumió desde un cargo en la que la nombraron pese a su bajo perfil: secretaria ejecutiva de despacho del ministro grado 26, con un salario de 4’141.829 pesos. Pero nada de eso fue óbice para que, cinco meses después, el Gobierno del presidente Petro publicara su hoja de vida en la página de aspirantes de la Presidencia, un paso previo para su nombramiento como viceministra de Juventudes.
Acusaciones de corrupción, otra impronta del Gobierno Petro
Sin embargo, la meteórica carrera de Juliana Guerrero se estrelló contra un muro, el de la justicia. La Fiscalía encontró que la joven obtuvo en la Fundación de Educación Superior San José los títulos de Contadora Pública y Tecnóloga en Gestión Contable y Tributaria sin los soportes académicos que acreditaran el cumplimiento de los requisitos mínimos, como asistencia a clases, presentación de evaluaciones y trabajo de grado. Con esos documentos espurios intentó su nombramiento como viceministra. La Fiscalía le imputó los delitos de fraude procesal y falsedad ideológica en documento público, por los que deberá responder en el juicio que comienza el próximo 5 de agosto.
De acuerdo con lo que establecieron los investigadores, el primero de julio de 2025 fueron emitidos los dos diplomas a nombre de Juliana Andrea Guerrero Jiménez, “quien presuntamente tenía pleno conocimiento de su origen fraudulento y los utilizó en trámites oficiales con el fin de posesionarse como viceministra de las Juventudes en el Ministerio de la Igualdad”. Por esto, “se le atribuye consignar información falsa en la plataforma electrónica SIGEP de la Función Pública e inducir en error a los servidores encargados de verificar el cumplimiento de los requisitos para acceder al cargo”, señala la acusación.
Dos cosas no dejan de revolotear en torno al caso de Guerrero, y que evocan la realidad del Gobierno que termina. Por un lado, de haber logrado su cometido, ella estaría enfrentando desde el Viceministerio de Juventudes la liquidación del ministerio al que pertenece, el de la Igualdad, producida por las fallas del mismo Gobierno en el procedimiento legislativo que le dio origen. No es el único caso. De otro lado, su proceso judicial recuerda las múltiples causas que enfrentan desde funcionarios del Gobierno, especialmente por el caso de corrupción de la UNGRD, hasta familiares del presidente Petro.
Finalmente, el caso de Guerrero dejó al descubierto la actitud del jefe de Estado frente a hechos que escandalizan a la sociedad en su conjunto, trivializándolos, y ante problemas de la realidad colombiana, explicándolos con su única fórmula: la lucha de clases. Después de que el país se enterara de que Guerrero usó un avión de la Policía para volar entre Bogotá y Valledupar, y regresara al día siguiente, el mandatario la defendió.
“¿Por qué se quieren tirar a una muchacha porque es pobre? Entonces [dicen] no, que porque no estudió en Los Andes. Y hizo el esfuerzo porque estudiar no es fácil. Me imagino las dificultades en el Cesar. […] Ah que es bonita, [risas] y entonces las bonitas no pueden… no, que es afro… Entonces, etcétera. No, yo quiero que se pruebe en esto que queda de gobierno, y vemos si es capaz no”, dijo.
Y frente a lo que publicó Semana sobre las hermanas Guerrero, el mandatario volvió a intentar el desvío de los focos para dejar en la absoluta penumbra a quien, según las evidencias publicadas por la revista, es una de las principales protagonistas de otro hecho que la Fiscalía ya anunció que va a investigar: Juliana. “Las pruebas aquí indicadas reflejan que los supuestos ‘empresarios’ se enfurecieron y quizás entregaron los chats porque no se cumplieron sus promesas”, escribió el presidente en X. “Si es cierto, dieron dinero como tontos, pensando que los ministros o yo mismo actuamos por presiones de mujeres o por avaricia”.
Después dio un giro para acusar a quien lo derrotó en las elecciones. Aseguró que incluso los empresarios que les habrían dado dinero a las hermanas Guererro para obtener contratos con el Gobierno “podrían resultar ser abelardistas”. Pero no fue el único giro. Termina su trino con una afirmación que se mueve entre lo sorprendente y lo hilarante: “Los empresarios corruptos parecen haber sido estafados y el gobierno evitó el robo”. En un segundo trino, Petro dice que las dos hermanas deben poner de inmediato las denuncias contra “los empresarios que intentaron corromperlas”. En suma, Juliana Guererro, incluso en la sombra en la que quiere mantener Petro, es signo y compendio de su Gobierno.
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Esta fue la ropa y los accesorios que usó el presidente Gustavo Petro en el inicio de las elecciones presidenciales de este domingo 21 de junio. Tanto el presidente, como una de sus hijas, mandaron mensajes con sus 'looks' y esto es lo que se sabe.
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